Wede Ethiopia yehedalow!

22 junio, 2011

Pues eso, que vuelvo a Etiopía…

Aunque mi amhárico fue mejorando durante este último año, sigue siendo bastante precario, y no se si la transcripción es correcta, pero más o menos eso es lo que debe decir el título de esta entrada. No obstante, esta vez por menos tiempo, un mes y poco más. Pero bueno, tengo ganas de volver a ver tierras abisínias y a muchas de las personas que conocí durante mi estancia.

Estoy seguro que sera un mes estupendo, y además este año me acompañan algunos nuevos viajeros, a los que con mucho gusto haré de guía durante su primer contacto con Etiopía. Lo único que lamento es que este año no pueda venir con nosotros el alma de la fiesta, mi amigo Llorenç, que tanto nos ha hecho reír, pero confío en que la risas estan igualmente garantizadas!

Inhid!

Melkam Gize!

18 febrero, 2011

Well, well,

After all this time in Ethiopia, i just can say that it has been really nice experience, full of stories, friends, nice moments, menamen, menamen…. Maybe in another time I will write more about all of this, since I am in transit to home (my other home) and still my mind is somehow scrambled.

Just I want to thank all the people that I met, and with whom I spent enjoyable moments throughout these almost eight months. I’m sure we’ll meet again sooner than we think. Meanwhile I wish to all of them the best for the coming times.

Melkam gize!

The great habesha soup

23 diciembre, 2010

After staying for some time in Ethiopia, I have tasted many local foods and typical dishes, either in local restaurants and traditional places, and I can say that most of them satisfied my expectations. But this article is about a very special one, which certainly cannot be found in a menu.

This meal is not such a cultural one, compared to other great Ethiopian dishes such as shekla tibs, doro wat or the fasting sheero tegabino. But, more than the ingredients, the peculiarity of this special soup comes from the event itself of eating it. Actually, instead of being eaten, this meal should be damaged. For those unaware of this terminology, to damage food means the action of eating something with a great interest. Moreover, it takes more sense when there is more than one participant taking food from the same pot. Given that, in order to enjoy the meal just by sharing food, it is a must to be surrounded by friends, and they should be great damagers. Somebody may expect bad behaviour from that situation, but the truth is that sharing and damaging food with close friends is a very amusing activity.

Fortunately, I have been invited some times to take part in the damage of delicious abesha soups in Dessie, with very good abesha friends, and I can say that it is even better than going to the best traditional restaurant. So, to anyone who may to come to visit this great land, I encourage him not to miss the chance to take part in such kind of meal enjoyment.

Melkam megeb!

Etiopía, hacia el centro de la Tierra (Capítulo III)

11 diciembre, 2010

De cómo sobrevivimos al volcán y nos asomamos al centro de la Tierra

Junto a la zona de acampada, se abría una pequeña grieta que servía de acceso hacia el cráter, así que tras el breve refrigerio encaramos el último trecho que nos separaba de nuestro destino. Realmente puede decirse que fue como un descenso hacia el mismísimo infierno: a través de la brecha en la roca, descendimos por la pendiente que conducía hacia la base del cráter del Erta Ale, importunados por el sofocante viento, la densa oscuridad y la irregular superficie. No era nada aconsejable levantar la vista de un suelo quebradizo, plagado de profundas y cortantes grietas de roca volcánica solidificada, pero simplemente alzando la vista por unos instantes, se podía divisar el borde del cráter iluminado violentamente por los fuegos interiores, anticipando un espectáculo que sólo era posible contemplar desafiando al volcán desde el umbral del cráter, desde las puertas del centro de la Tierra.

Pero de repente, un desacertado cálculo en nuestra aproximación nos hizo presa fácil de los mortales vapores que emergían de la lava. Evitando ser tragados por la montaña, nuestras miradas se habían dirigido principalmente hacia nuestros pies, y no pudimos percatarnos de que en realidad caminábamos hacia la zona donde el viento arrojaba la niebla tóxica que desprendía el volcán. Una primera bocanada de gas asfixiante y abrasivo nos hizo detener de repente nuestra marcha y retroceder sobre nuestros pies lo más aprisa posible. La excitación previa había dado paso a una cierta angustia, y las fuerzas de la Naturaleza no dan tregua, así que a pesar de acelerar nuestro paso, la siguiente bocanada volvió a golpear nuestros pulmones, proporcionando el oxígeno justo para no desfallecer y seguir alejándonos. La sensación de incertidumbre de poder estar aspirando tu última bocanada fue angustiante, ya que ciertamente la tercera inspiración podría haber sido fatal, aunque por suerte conseguimos alejarnos lo suficiente de la corriente tóxica para recuperar el oxígeno necesario. En ese momento nos percatamos de la magnitud del monstruo al que estábamos desafiando, aunque tras la lección de humildad del ser humano ante la fuerza de los elementos, proseguimos el avance, hipnotizados por el resplandor cada vez más próximo, ansiosos por asomarnos a aquel abismo infernal.

Y al fin llegamos. Allí, asomados al borde del cráter, a escasos metros bajo nuestros pies, aparecieron ante nosotros las puertas del centro de la Tierra. Una inmensa extensión incandescente nos mostraba el lado más oscuro y violento de la Naturaleza. Una cantidad ingente de magma burbujeante formaba una especie de recorrido cíclico por el interior del cráter. Placas de roca derretida se desplazaban lentamente hacia los extremos, donde se enfriaban y reducían su velocidad, rodeando el cráter, y volviendo finalmente hacia el centro donde se volvían a fundir, estallando con violencia y esparciéndose para volver a realizar un ciclo sin fin. En un punto cercano a nosotros, posiblemente uno de los ‘puntos calientes’ del cráter, una ola de lava golpeaba con insistencia un gran pedazo de roca, erosionando su base y calentando su interior hasta el punto de volverla incandescente, la cual resistía las embestidas a fuerza de ir perdiendo parte de la base, que se derretía y se sumergía en la lava en forma de brillantes y viscosos filamentos. Un poco más allá, podían verse varios surtidores que lanzaban al aire poderosos chorros de magma a gran altura, como fuentes accionadas por violentas explosiones interiores que emergían de las profundidades. El panorama era hipnótico y sobrecogedor, como espectadores de las fuerzas creadoras, necesarias para la combustión de los materiales que nos proporciona una energía vital procedente del interior del planeta, que en este caso han escapado hacia la superficie para mostrarnos una ínfima parte de su potencial.

A pesar del calor sofocante, permanecimos allí durante un buen rato, fascinados por aquel maravilloso espectáculo que teníamos ante nosotros, desafiando a unas fuerzas que podrían destruirnos en cuestión de segundos, pero que por alguna razón, permanecían en estado de letargo, mostrando su benevolencia al permitirnos ser testigos de la magnitud de su poder, dormido por tiempo indeterminado, esperando la ocasión para volver a mostrar todo su esplendor. Y así, aún estupefactos por lo que acabábamos de contemplar, regresamos a la cima del gran Erta Ale, a lugar seguro, donde pasaríamos la noche antes del descenso, conservando aún las magníficas vistas sobre el cráter y desde done aún se podía escuchar su lejano rumor.

Etiopía, hacia el centro de la Tierra (Capítulo II)

4 diciembre, 2010


De cómo ascendimos al volcán y llegamos a las puertas del infierno

Todo a nuestro alrededor seguía siendo desértico, arbustos bajos, dunas, zonas pedregosas, y de tanto en tanto, grupos de chavales aparecidos de la nada, que tan pronto se acercaban con su griterío, como se alejaban temerosos del rugido del motor de los todo-terrenos. Un par de horas más tarde, el paisaje se tornó negruzco, y la arena dio paso a sólida roca volcánica: habíamos llegado a los dominios del Erta Ale, una vasta extensión de magma solidificado que rodea al volcán que se alzaba ante nosotros. El final de nuestro camino nos llevó al campamento donde desempaquetamos el material que más tarde subiríamos con ayuda de camellos hasta la cima, y allí estuvimos descansando unas horas, esperando a que el Sol lanzara sus últimos rayos de luz sobre estas inhóspitas tierras, momento en el que empezamos nuestra travesía a pie hacia el volcán.

A medida que caía la noche, la luz iba desapareciendo y era necesario el uso de linternas, aunque en cierto modo, la luz de la Luna casi era suficiente para ver el camino, una vez acostumbrados los ojos a la oscuridad. De hecho, la mayor parte del trayecto formé parte de la avanzadilla formada por Mussa, nuestro último guía del volcán, Hussien, el ayudante de cocina, y un servidor, avanzando por el dificultoso camino, iluminados por el tenue resplandor lunar, y rumbo hacia otro resplandor misterioso y rojizo que se divisaba a lo lejos, en la cima de la montaña. Yo procuraba seguir los pasos de mis compañeros, evitando caer en algunas de las numerosas grietas y pliegues de roca que se abrían en nuestro camino, restos de lava solidificada mucho tiempo atrás. Y así, al cabo de una hora, llegamos por fin al campamento situado en la cima.

Lo que vimos desde allí, aunque impresionante, no era nada comparado con lo que nos esperaba momentos después. Desde allí se podía ver el enorme cráter situado a unos 200 metros de nuestra posición, y a unos 50 metros por debajo de nuestros pies. En el centro se vislumbraban pequeños destellos de magma que asomaban por el encima del borde del cráter, y la inquietud y curiosidad por acercarse y asomarse al mismo borde empezaba a ser cada vez mayor. Habíamos llegado a las puertas del infierno, y una última cena nos separaba de presenciar uno de los más magníficos escenarios terrestres.

Etiopía, hacia el centro de la Tierra (Capítulo I)

21 noviembre, 2010

De cómo pusimos rumbo al Erta Ale y conocimos al Señor de la Guerra

Nunca imaginé que tendría la oportunidad de escribir estas líneas tan cerca de uno de los mayores espectáculos protagonizados por las poderosas fuerzas de la Madre Tierra. Y es que estamos en la cima del Erta Ale, de noche, y a unos escasos 200 metros de una gigantesca olla de burbujeante magma. La singularidad de este volcán es su sencilla accesibilidad, y el hecho de que sea uno de los únicos en el mundo en que se puede observar lava en estado puro, en ausencia de actividad sísmica, al menos de momento, y esperemos que por tiempo suficiente como para alejarnos a una distancia prudencial. Aunque a pesar de todo, esta noche la pasaremos aquí, durmiendo al raso y con vistas al volcán, y eso no le sucede a uno todos los días. Pero volvamos al principio.

El día empezó en Hamed Ela, que ha sido nuestro campamento base durante nuestra visita a la Danakil Depression, en la región Afar situada en el norte Etíope, muy cerca de la conflictiva frontera con Eritrea. Tras el amanecer, tomamos nuestro desayuno preparado por nuestro pinche Santayu, y sus jóvenes ayudantes Hussien y Mohammed, y pusimos rumbo al Erta Ale. La primera misión del día era visitar al gilisa, que según hemos entendido era el “Dueño del Volcán”, o como nos gustaba llamarle en el grupo, Señor de la Guerra. No siempre tiene uno la oportunidad de conocer al dueño de un volcán, aunque la veracidad de este estatus es bastante dudosa. Supongo que la región Afar consistirá en varias zonas controladas por algo así como clanes, cada uno con sus milicias, que no son más que paisanos cargados con viejas kalashnikovs y AK’s-47, que protegen las zonas de visitantes indeseables. Tal como me dijo textualmente nuestro guía afar en una ocasión: “The Afar people, we have a lot of enemies”. Por suerte, nosotros no éramos de esta clase, y por lo tanto, debíamos pagar a los 2 o 3 guardas de turno para que nos “protegieran” de imprevisibles enemigos. De algo tiene que vivir esta gente, así que esta imposición se aplica a todo aquel que quiera acercarse por estas tierras en son de paz. No obstante, llegar al Señor de la Guerra, tampoco fue nada fácil.

El terreno por el que avanzábamos empezaba a volverse totalmente desértico y tuvimos suerte de la pericia de nuestros conductores para no quedarnos anclados en la arena en más de una ocasión. Y así, después de varios km de matorrales y desierto, llegamos a la aldea del Señor de la Guerra. Ciertamente el tipo no parecía muy amigable, entró con un revólver a la cintura y nos hizo algo así como un interrogatorio, fijando su mirada en cada uno de nuestros rostros. A pesar de tener la certeza de que no iba a pasar absolutamente nada, creo que ninguno de nosotros estaba demasiado a gusto con la situación. Yo llevaba una camiseta de la Cruz Roja, y en un momento del encuentro se plantó frente a mí y marcó con su dedo índice el símbolo de la cruz que yo llevaba a la altura del corazón. La sensación no fue muy agradable, que digamos. Por suerte, el encuentro no duró más que unos escasos pero incómodos minutos y pudimos proseguir nuestra marcha.

Sobre Cooperación Universitaria

2 noviembre, 2010

En cooperación internacional, la universidad puede jugar un importante papel a la hora de contribuir al desarrollo de otros países a través de su comunidad universitaria. La situación económica, política y social de muchos países del Sur supone un grave problema en lo que a recursos educativos respecta, y el problema muchas veces proviene de la base y del difícil acceso que tiene la población a una educación básica. A pesar de todo, los estudios universitarios, aun siendo accesibles para una minoría, también son una herramienta básica de formación para muchos jóvenes, ya que les ofrecen la oportunidad de adquirir unos conocimientos que les permitirán acceder a un futuro más prometedor. Y aún considerando el problema de la diáspora, perfectamente entendible para aquellos que tienen la opción de desplazarse a un entorno más favorable, muchos estudiantes deciden volver o quedarse en sus países de origen para contribuir a su desarrollo. Es por eso que estas colaboraciones pueden llegar a ser muy beneficiosas, tanto para las relaciones internacionales entre universidades del Norte i del Sur, como para los estudiantes que puedan participar en este tipo de iniciativas.

No obstante, la gran diferencia de recursos que existen entre estas universidades supone un grave problema a la hora de establecer relaciones institucionales: la posición privilegiada de las universidades del Norte se convierte muchas veces en una barrera infranqueable para aquellas universidades del Sur que tienen poco más que ofrecer que experiencia en campos que a menudo no son del interés de las primeras. De esta manera, la simple y enriquecedora transferencia de conocimiento que podría aportar dicha relación queda relegada a segundo término, y a menudo se priorizan intereses que tienen relación más bien con el prestigio y el renombre internacional que con el intercambio de recursos entre comunidades universitarias al nivel más básico.

En definitiva, mirando un poco más allá de la simple relación institucional, se deberían encontrar aquellos puntos en común, aquellas dificultades similares que se dan por igual en el ámbito universitario tanto del Sur como del Norte, e intentar encontrar alternativas que, si bien pueden no resultar en un entorno, pueden ser útiles en otro. Aspectos como la participación de los estudiantes en la investigación universitaria, la incorporación al mundo laboral, la creación de nuevas empresas, el papel de la universidad en la sociedad o la transferencia de tecnología, entre otros, suelen ser comunes en entornos diferentes, y a pesar de las diferencias contextuales, constituyen interesantes líneas de investigación y cooperación que pueden llegar a dar unos resultados muy interesantes para las dos partes, aunque el esfuerzo y la dedicación que se requiere para tal efecto es un factor a tener en cuenta. Es por eso que, como punto de partida, puede ser más asequible e interesante realizar acciones locales, simples y concretas, ya sea en el Norte o en el Sur, y que afecten a individuos más que a grandes instituciones, los resultados de las cuales puedan ser extrapolados y aplicados en otras situaciones similares, aportando un conocimiento valioso sobre este ámbito que es la Universidad.

Apaga la luz, enciende una llama

27 octubre, 2010

Hoy se ha vuelto a ir la luz. A menudo, durante el día, suelen haber breves cortes de luz, pero alguna que otra vez los cortes se producen de noche, y durante algo más de dos horas. Y tengo que decir que al principio esto era un verdadero fastidio. No obstante hoy, mientras preparaba la cena, la luz ha vuelto a huir, y lejos de sobresaltarme, lo cierto es que he notado una cierta relajación. La llama del fogón seguía iluminando lo suficiente como para encender sin problema las tres o cuatro velas que siempre están a mano, y me he dado cuenta de que la iluminación era más que suficiente para acabar de calentar la comida y cenar.

Es curioso como la luz de una llama simplifica todo tu entorno, ya que éste queda limitado a aquello que puedes ver, aquello que está más cercano, así que todo el universo queda reducido a unos escasos metros cuadrados, y a todo lo que en ellos se contiene. Esto puede ser un inconveniente, pero también puede convertirse en tu aliado. Todo aquello inmerso en la oscuridad, fuera del espacio iluminado, simplemente deja de existir. Esta reflexión puede sonar muy simplista, pero cuando te encuentras en tal situación, ya sea solo o acompañado, ya sea a la luz de una vela o de una gran hoguera, ya sea tranquilamente o festejando, es fácilmente comprobable que lo único que realmente importa está al alcance de la vista. Y si no os convence, haced la prueba. Juntaros con quien más apreciéis, con quién más os divirtáis, a quién queráis conquistar, incluso con quién tengáis algún problema, si tenéis ganas de jaleo, o hacedlo solos si necesitáis relajaros; proveeros de un buen vino, o un buen té, o unas birras, o un buen ron, o simplemente agua, o nada; si sois hambrientos, podéis coger unas palomitas, unos pistachos o algún que otro aperitivo, o si sois unos cuantos ¡algo de carne para hacer al fuego! En resumen, lo que sea, pero no lo meditéis demasiado, simplemente hacedlo, apagad la luz y encended una llama, ya sea una pequeña vela, cientos de ellas o una gran hoguera, y ya me contaréis…

Crònica d’una nit de Meskel

27 septiembre, 2010

26 de Setembre

Foc, cendres, creus, celebració!

La festivitat del Meskel m’havia segrestat durant aquella nit, endinsant-me en una de les celebracions més ancestrals d’Etiòpia, on tots es congreguen al voltant d’una flamejant foguera, i canten, i dansen, i obliden tot, entregant-se a l’èxtasi del moment, fills de la terra, el foc i les cendres. I allà enmig em trobava jo, amb la cara i les mans impregnades d’aquella cendra negra, com la nit, dansant al voltant del foc, com una ombra més entre les allà presents, traslladat a un temps i un espai quasi bé oblidats, on l’home estava més aferrat a la terra i els seus element.

Hores abans m’havia cridat l’atenció una munió de gent, que cantava animada pel carrer, tot festejant la “Trobada de la Creu”, carretejant branques seques, i acompanyats de timbalers, repicant al compàs del grup. La curiositat em va vèncer, la curiositat per allò desconegut, per les tradicions populars més autèntiques, i em vaig unir a ells, volia esbrinar on es dirigien, i per què, i no vaig dubtar a posar-me en camí. En Negaatu, treballador social, de mitjana edat, i amable, em va introduir a la celebració i els seus detalls, i em va fascinar, inquiet per l’imminent encesa de la gran foguera, davant l’església de Sant Gabriel, a Dessie, a plena nit. I a mesura que ens aproximàvem al nostre destí, en el temps i en l’espai, la gent s’agitava més, i un cop a l’esplanada de l’església, tothom es reunia ja al voltant del munt de branques, amb la alta primitiva creu clavada enmig, esperant l’encesa, esperant el moment.

I la gran foguera es va encendre, i els més joves van començar a voltar engrescats, saltant, cantant, celebrant. M’animaven a participar en la seva exorbitant dansa: “goba! goba!”, i posseït pel moment, amb la cara prèviament coberta de cendra negra, em vaig deixar portar, i em vaig unir al festeig, al ritme dels càntics, vora la poderosa i flamejant foguera que llançava rabioses espurnes al cel, a l’infinit cel estelat, dansant al voltant del foc, com una ombra més…

Tewodros II

20 septiembre, 2010

Últimament estic llegint bastant sobre història africana, i més concretament, sobre Etiòpia. Fa poc em va sorprendre la història d’un dels emperadors que va regnar l’imperi Abissini durant un breu però intens període, del 1855 al 1868. Molts episodis claus de la història d’aquest país, com la de molts altres, transcorren entre camps de batalles i guerres sanguinàries, on els aspirants al poder no dubtaven en eliminar la competència, ni que fossin de la mateixa sang. Abans, però, d’explicar la curiositat sobre aquest personatge, us posaré breument en situació.

Tewodros va néixer a l’anomenada “Era dels prínceps”, un temps de cruentes guerres civils, amb el nom de Kassa Haile. Fill d’una noble família, va ser repudiat després de la mort del seu pare, i va començar la seva carrera com a bandoler. Després de guanyar força i seguidors, va recuperar el poder de la província de on era originari, i va continuar durant uns anys sometent regions veïnes fins a arribar a governar la major part d’Abissínia. És llavors quan es declara rei de la nova i unificada Etiòpia moderna amb el nom de Tewodros II, nom que va escollir per fer complir una profecia que deia que un home anomenat Tewodros portaria l’Imperi Abissini cap a la gloria, ni més ni menys. Anys més tard, el rebuig de la reina Victoria I per una aliança contra l’Imperi Otomà, va despertar l’enuig de Tewodros i va fer empresonar el cònsol britànic i altres europeus, error que pagaria a Magdala (prop de Dessie), en una batalla fatal contra les forces britàniques, que van portar a l’emperador al suïcidi, al 1868.

Es un resum massa breu, però em serveix d’introducció per l’anècdota que volia explicar sobre aquest emperador, i té a veure amb una de les lleis que va dictar en un intent de reforma de l’imperi: per tal de mantenir els oficis de cada família, va decretar que tot jove havia de continuar exercint l’ofici del seu pare, preservant així el coneixement de generació en generació. Al poc temps, es van presentar uns habitants d’un poblat de bandits, i li van preguntar si ells també havien de continuar amb el pillatge dels seus pares, i Tewodros els va dir que ho havia de meditar seriosament, que tornessin dintre d’uns dies i que vingués tot el poblat, així els ho podria comunicar a tots. Bé, potser us podeu imaginar quina va ser la resolució del cas: un cop van arribar tots els bandits del poblat a sentir la resposta de l’emperador, aquest els va respondre amb una sanguinària matança de la que no es va lliurar ni el gat.

Sense entrar en deliberacions sobre si la decisió va ser justa o no, la vaig trobar bastant cremosa, al menys representativa de la època en la que va tenir lloc, no trobeu?


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